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Cuando el deporte derriba fronteras

Mientras las Leonas se encontraban en Sudáfrica disputando la Liga Mundial, en el mismo continente, pero a cuatro mil kilómetros de distancia en una ciudad de Kenia, Clara Breccia está viviendo una experiencia particular de la mano del hockey: Se unió a una organización de voluntariado y les da clases a chicos de primaria de un barrio carenciado en la ciudad de Thika.

“El deporte tiene el poder para cambiar al mundo. Tiene el poder para inspirar. Tiene el poder para unir a la gente de la manera en que pocas cosas lo hacen. Les habla a los jóvenes en un lenguaje que ellos entienden. El deporte puede crear esperanza donde antes solo había desesperación. Es más poderoso que el gobierno en cuanto a romper las barreras raciales“. La famosa frase es del emblemático líder y ex presidente sudafricano, Nelson Mandela, que a través del deporte buscó la unión y estabilidad de su país tras varios años de apartheid.

A menor escala pero con el mismo espíritu, Clara Breccia decidió afrontar esa experiencia, y con apenas 19 años se encuentra en Kenia enseñando hockey a chicos de nivel primario. La jugadora de Santa Bárbara B habló con Hockey Mobile sobre qué la motivó a emprender este viaje, formar parte de este proyecto y las sensaciones que le está dejando esta experiencia.

 

 

“Una amiga se fue el verano pasado a Sudáfrica dos meses de voluntaria. Ella fue a hacer otro proyecto, guardería en orfanatos. Y me interesó mucho, me enganché con los videos y fotos de la experiencia y dije 'me quiero ir'. En el colegio al que fui hice mucho trabajo social en hogares de niños y ancianos. Siempre me lo inculcaron mucho, entonces me enganché. Cuando terminé el colegio fui perdiendo eso y esto me pareció una oportunidad y experiencia fantástica para hacer esto que me encanta y disfruto”.

Fue así como inició el recorrido para emprender este viaje de 30 días que comenzó el 30 de junio y culminará el 28 de julio. A través de International Volunteer Headquarters, organización que se encuentra en 35 países y tiene diferentes proyectos dependiendo de las necesidades básicas de cada uno, fue como se unieron Kenia y el deporte en el destino de Clara: “Yo quería hacer algo social, quería trabajar con chicos. Y también quería conocer África y su cultura, entonces viendo los proyectos me terminé decidiendo por Kenia, por el clima también que es cálido. Y me enganché con el proyecto de deportes porque juego al hockey y me pareció fantástico poder enseñar algo que me encanta”.

Actualmente Clara se encuentra en Thika, una ciudad de Kenia que está a 40 kilómetros de la capital Nairobi, trabajando en Kimuchu Primary School, un colegio público primario que está ubicado dentro de un slum, como se le denomina a la villa. “Es un colegio público gigante con más de 1200 alumnos. Por grado son 200 y las clases están divididas en cuatro. Trabajo con chicos de quinto, sexto y séptimo grado así que por clase tengo alrededor de 50 a 60 alumnos. Les enseño deportes, hockey más que nada y también hacemos actividades recreativas. Los chicos no habían tenido experiencias previas con el hockey. Acá se enseña hockey en algunos colegios secundarios y en la universidad. Más que nada juegan al fútbol, les encanta”.

 

 

Pero en tierra de maratonistas, y donde el atletismo y el fútbol marcan el camino, para poder cumplir con su objetivo de dar a conocer el hockey, la preparación del viaje comenzó mucho tiempo antes estando en Argentina, y desde el club no faltaron manos que colaboraron en la recopilación de los materiales necesarios. “Tengo un montón de sensaciones. Me siento agradecida con todos. Me traje unos 55 palos, 30 bochas, conos, pecheras. No es que en su momento no lo agradecí, pero ahora estando acá me doy cuenta de la magnitud de la ayuda que recibí. Las pecheras me las donó el colegio, en el club se movilizaron para que todos me donaran los palos (incluso llegué a juntar más de los que podía traer). Me doy cuenta que yo estoy acá haciendo esto pero atrás mío hay un montón de gente que me bancó, en especial mis papás, amigos, todos los que ayudaron a que pueda ser posible este viaje”.

Más allá de las diferencias que pueden separar a Clara de sus alumnos, con el deporte como excusa, logró unir dos culturas, generarles una nueva experiencia y seguir germinando la semillita del hockey en un nuevo rincón del mundo. Y a pesar de que solo puedan compartir un mes juntos, solo le sobran palabras de agradecimiento: “Acá me recibieron extraordinariamente bien. El amor que tienen los nenes es increíble. Esa es una de las cosas que más me sorprendió: quieren estar con uno, que les enseñes. Estoy en el recreo y se me acercan pidiéndome que les de clases de hockey, que quieren aprender. No me entra en el cuerpo el amor que recibo todos los días. Te dan la bienvenida y están alegres de que uno esté acá. Estoy muy agradecida, muy contenta. Voy a disfrutar a pleno los días que esté acá y a dar lo mejor de mí porque lo único que puedo hacer es agradecer enseñándoles, esperando que les sirva y quede algo. La idea es que se enganchen y que puedan seguir jugando cuando yo no esté”.

Por Sofía Escudero, especial para Hockey Mobile.