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El Ninja que de tanto pelear tuvo su recompensa

Agustín Abratte es uno de los dos arqueros del seleccionado masculino que viajó al Mundial de La Haya. Su llegada a Los Leones se dio luego de varias idas y vueltas entre su Córdoba natal y Berazategui, el club Ducilo que se convirtió rápidamente en su segunda casa. Teniendo que atravesar momentos duros y decidir de qué manera seguir su carrera, hoy el cordobés disfruta de este presente bajo los tres palos del arco argentino.

Es de esas personas que predica con el ejemplo. Se esfuerza constantemente porque sabe que es la única manera de que su vida tome el rumbo que él quiere. Con 28 años, Agustín Abratte, el arquero cordobés que actualmente protege el arco de Ducilo, dice haber vivido un sueño siendo parte del plantel de Los Leones que jugó el Mundial y con el que la semana que viene viajará a San Diego. Su historia tiene giros inesperados y condimentos diversos que fueron marcando su carrera.

A fines del 2011, Agustín tomó la decisión de dejar su ciudad natal, Córdoba Capital, y emigrar hacia Buenos Aires. “El 2011 venía siendo un gran año. Jugué con la Selección de Córdoba el Argentino y salimos campeones ganándole a Buenos Aires por penales. Con mi club, La Salle, llegamos a la final de la Liga B para ascender y tuvimos que jugar contra Vistalba. Fue un partido de esos calientes, con fallos discutidos y con córners cortos cobrados afuera del  área. Yo nunca tuve tarjetas en mi vida, así que por ese lado no justifico nada. Pero terminó el partido y fuimos a protestarle al árbitro (hace una pausa para pensar y remarca): a protestar intensamente. A raíz de esa protesta a cuatro de mi equipo nos informaron y a mí me dieron dos años de suspensión. No podía jugar ni en la selección de Córdoba, ni la Liga Nacional, ni irme a jugar afuera. Me limitaba a jugar únicamente el torneo de Córdoba”, recuerda el arquero sobre ese incidente.

Esa situación hizo que Agustín se replantee si quería seguir atajando: “A cualquier persona de Córdoba que le preguntes, te va a decir que fue una sanción fuera de lugar. Yo para jugar al hockey tuve que resignar estudiar, fue una elección, y esto hizo que no tuviese más ganas de jugar. Así que decidí dejar y retomar el estudio. Yo estaba haciendo Ingeniería Civil. Había decidido enfocarme en la facultad el primer año de sanción, y volver el segundo al hockey”.

Agustín relata lo que vivió con la tranquilidad que lo caracteriza y  afirma que "Todo pasa por algo". Sentado en un sillón de un bar de Núñez, el Ninja, como lo apodaron por su manera de atajar, habla y espera que se le enfríe el café porque acusa que en ese lugar lo "hacen muy caliente".  

“Mi técnico, que no quería que deje de jugar, me presentó a Javier Braña que había ido a un concentración en Córdoba con Las Leoncitas. Yo entrenaba a Antonella Brondello, la arquerita de Villa María que viajó a ese Mundial Junior y El Rata me contó que justo el arquero de Ducilo, Cesar Lobais, se iba a jugar a Francia, el otro arquero, Marcos Amato iba a ser papá e iba a dejar y había otro arquero más que no sabían bien qué iba a hacer. Así que me propusieron si quería ir para Buenos Aires y dije, voy, y pruebo una semana”, explica el cordobés.

 Entre risas, Agustín cuenta que al final no pudo enfocarse en la facultad, “porque esto se dio todo muy pronto. Surgió un desafío y por eso me fui de Córdoba. En vez de rezongar, fui a redoblar la apuesta”.

- ¿Cómo fue la llegada a Ducilo?

- Vine por una semana. Conocí a los chicos que estaban en pretemporada (febrero 2012) y fue una cosa de piel, era como si los conociera de toda la vida. Me hicieron sentir tan cómodo que a pesar de que al final los tres arqueros que no iban a estar siguieron entrenando, me quise quedar igual. Íbamos a ser cuatro para pelear dos puestos en plantel superior. En Córdoba trabajaba como técnico de alarmas de una empresa que está en todo el país así que pedí el traspaso para trabajar en una zona de Buenos Aires. Roberto Proficio me consiguió un departamento para alquilar y me salieron de garante sin conocerme. Se portaron excelente, me tenía que quedar.

Pero las vueltas de la vida hicieron que a los pocos meses, su mamá se enfermase y así como de un día para el otro decidió llegar a Buenos Aires, al enterarse de la noticia, Agustín no dudó y viajó para estar al lado de su familia: “En agosto de 2012, a mi vieja le descubren unos tumores, les dije ¨Chicos, muchas gracias por todo¨, y me fui. Expliqué lo que había pasado, me entendieron, y se portaron como siempre muy bien. Me fui a Córdoba y los chicos siempre estuvieron atentos y me mandaban mensajitos para ver cómo estaba todo. En julio del 2013 mi mamá falleció de cáncer.  Mi prioridad era estar con mi papá, acompañarlo. Pero al mes me llamaron de Ducilo y me contaron que Marcos había dejado de atajar, Elías también y Lobais se iba finalmente a jugar a Canarias. Tenían posibilidades matemáticas de entrar a los playoffs y me dijeron que si yo estaba bien querían contar conmigo”.

Agustín se encontró nuevamente ante la disyuntiva de tener que elegir si quedarse en Córdoba acompañando a su papá o volver para ponerse el buzo titular del club de Berazategui que soñaba con jugar el reducido del Metropolitano. “Le conté a mi viejo, le pedí que decidiera él y me dijo ¨Andá, yo te voy a visitar¨. Renuncié por completo al laburo y con lo que tenía ahorrado me iba a bancar esos dos meses en Buenos Aires. Después pensaba volver a Córdoba”.

Con el Ninja en el arco, Ducilo volvió a jugar playoffs y en un partido tremendo terminó cayendo en el final con San Fernando en el primer cruce. “No se pudo, pero yo sentía que había cumplido, que les había devuelto todo lo que mis compañeros habían hecho por mí. Ahí sentí que estaba en paz con los pibes. Unos días después, ya tenía todas las valijas hechas para volver a Córdoba, y me escribió Braña para saber si ya me había ido. Le dije que me iba en una hora y me contó que le había escrito el entrenador de arqueros del seleccionado y que me invitaba a entrenar”, explica Abratte que sin dudarlo postergó el regreso: “Me tenían que matar para no ir a entrenar con el seleccionado”.

- ¿Cómo fue esa semana entrenando con Los Leones?

- Increíble. Pero terminó la semana y me acerqué a Javier Lindolfo, el entrenador de arqueros, y le dije que yo tenía que volver a Córdoba, que ya no me quedaba plata. Me contestó que había que seguir entrenando porque en ese momento Joaquín Berthold estaba mal del hombro.  Fueron pasando las listas y quedamos cuatro arqueros para entrenar hasta el Mundial:  Berthold, Juan Manuel Vivaldi, Tomás Santiago y yo. Para mí estar con Juanma era buenísimo, un aprendizaje constante. Siempre traté de aprender y mejorar, y  él en eso  siempre fue un referente para mí, un deportista muy completo. Un profesional y técnicamente hacía cosas que a mí me gustaban. 

- Y de ahí al Mundial sin escalas, ¿cómo fue el momento en el que dieron la lista para ir a La Haya?

- Las posibilidades se abrieron cuando Joaquín tuvo que renunciar. Ahí Tomás y yo empezamos a tener chances. Tomás es de Córdoba, somos amigos, nos miramos y pensamos ¨que sea lo que Dios quiera¨. Y bueno, el Chapa dio la lista y cuando nombra los arqueros, que generalmente es al principio, yo no escuché. Como que sentí un suave y dudoso ¨Ninja¨, pero después Javier Braña que estaba al lado  me lo desmintió y me dijo que mencionaron mi nombre y apellido. Me quedé parado y cuando se empezaron a ir todos, algunos se acercaron a felicitarme y yo no sabía qué hacer. Quería tener a mi familia al lado para abrazar, no caía. Fue muy lindo. Empecé a dar vueltas, me fui a un rincón del Cenard, me senté por ahí y empecé a llamar gente. 

- ¿A quién llamaste primero?

- A mi viejo. No entendía nada.  Es grande y se lo tuve que repetir 400 veces. Entre que ya de por sí yo hablo medio cerrado, encima emocionado y él que no escuchaba, era complicado (risas). Y después los chicos de Ducilo que se enteraron y  me mandaron mensajes muy lindos. Eso le dio un plus que yo valoro mucho. Conseguí algo por el camino bueno, porque se alegraron por mí como si fuesen ellos los que iban al Mundial. También hablé con el Tierno Moreira. Le dije que no caía y él me insistió con que no caiga, que siga haciendo lo mismo que hasta ahora.

- Ya en Holanda, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿El debut?

- Me facilitó mucho la energía del grupo. Eso hizo todo mucho más fácil. Conmigo se portaron increíble, me hicieron sentir uno más sin haber participado antes. Ellos me hacían sentir que tenía 100 partidos internacionales encima. Y en el debut  trataba de no dimensionar lo que tenía alrededor: el estadio, los rivales. Trataba de no pensar.  Si me toca entrar, listo, entro en calor y voy.  Fue todo impresionante.

Ya terminando su café tibio ahora y a minutos de ir al Cenard a entrenar con Los Leones, con el objetivo de jugar un Champions Trophy en diciembre en India, Agustín Abratte remata la nota sin necesidad de buscar un cierre: ¨Hoy agradezco ese informe, la sanción, agradezco todo. Se tuvo que dar así y eso me llevó a estar acá y ser feliz. Disfruto de lo que me está pasando¨.

Por Sheila Shab, especial para Hockey Mobile
En Twitter: @Sheishab